“Raphaelismo”, la serie documental que retrata al artista

No hay fenómeno en la cultura pop española comparable a Raphael. La 69 edición del Festival de Cine de San Sebastián acogió la presentación de “Raphaelismo”, una serie documental creada por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega. Más allá conocimiento previo o de lo admirador que se considere el espectador de Raphael, la serie sirve como narración de los cambios en una sociedad a través del artista que jamás ha dejado de sonar.

El documental cuenta con unos testimonios sinceros y te muestra como fue naciendo todo el fenómeno que da nombre a este documental. Su ejercicio de humildad ayuda a la veracidad del relato cuando nos habla sobre que los medios de comunicación le ayudaron mucho, sobre todo en el momento de Eurovisión. También nos cuenta que era incansable, con una capacidad de trabajo insólita y, un momento duro en su carrera que es cuando se quebró.

Los testimonios son claves dentro del documental porque nos muestra otra cara del artista y lo que piensan tanto personas cercanas como admiradores y periodistas sobre él y su carrera. La parte humorística tampoco falta con sus simpáticas anécdotas que nos ayudan a entenderé l contexto de las situaciones.

Una de las cosas que mejor funcionan y considero que han sido un gran acierto son las imágenes de archivo que dan mucha riqueza técnica al documental que lo hace disfrutable. Y, sobre todo, le da un gran ritmo. En los capítulos se cuentan muchas cosas, se pasan muy rápido, pero nos da la sensación de llevar horas viéndolos gracias a la narración tan fantástica. Esto se debe al gran trabajo que hay detrás de las cámaras por parte de sus creadores, Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, han hecho un trabajo más que perfecto e increíble contando la historia de una manera más que eficaz.

Además, técnicamente no se torna nada plano: las animaciones de recortes de periódicos, el darle cierta profundidad a las fotos para que tengan un movimiento agradable… Todas las técnicas están aprovechadas para crear un conjunto satisfactorio y dinámico.

Las canciones de Raphael resuenan en nuestros oídos, y conocer el contexto de la canción mientras la escuchamos es sin duda un regalo. Además vemos algunos de los directos, algunos conciertos, y nos trasporta perfectamente a esa época de los 60-70.

Para el público será una delicia. Las imágenes de archivo son muchas, y los testimonios interesantes. Para los que, como yo, no conozcan la historia, desde luego, merece la pena ser escuchada.

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