Paco Tomás: “El género de la autoficción me permitía entrar en esa historia sin hacerme demasiado daño”

Una novela cruda, sincera y conmovedora que muchos desearían que solo fuera una ficción es la que nos presenta Paco Tomás en Coto privado de infancia.

Se puede sobrevivir a la infancia, pero deberás pasar toda la vida intentando convivir con el dolor de esas heridas. Y, si no, que se lo pregunten a Tomás Yagüe, un hombre gay de cincuenta y dos años que no ha podido evitar construir su biografía a partir del rechazo, el silencio y la falta de comprensión de su entorno frente al acoso escolar y el maltrato que sufrió de niño.

Ahora que, tras romper con su pareja, regresa a casa por Navidad como rezan los anuncios, deberá volver a hurgar en la herida y emprender un viaje emocional en el que aflorarán dolorosos recuerdos, pero en el que aprenderá a perdonarse, a dejar de culpabilizar a su entorno y abandonará la imagen de sí mismo que le ha hecho vivir habitando el margen durante todos estos años.


¿Qué te lleva a querer contar esta historia?

Yo creo que las personas de las comunidades LGTBI, sobre todo en mi generación que es muy silenciada, tenemos la necesidad de contar nuestra vida y experiencia. Es muy importante que la gente se dé cuenta que no hay nada logrado y todo puede volver hacia atrás. Lo hice porque el género de la autoficción me permitía entrar en esa historia sin hacerme demasiado daño. Entonces, poder inventarme un personaje, la familia, una trama me ayudaba a poder canalizar todo eso que quizás como un capítulo de unas memorias me hubiera costado muchísimo.

Una novela para remover conciencias

Yo creo que es nuestra obligación remover conciencias. Eso que creamos debe de producir algo en el lector y yo lo siento así. Creo que cuando uno asume o tiene conciencia de que es un sujeto político y que su género o su orientación sexual le convierte en un sujeto político, eso hace que no puedas evitar trasladar esa información. En este caso, yo trabajo desde la autoficción y para mí lo interesante como escritor es poner puntos de vista que puede que yo no comparta, pero que el personaje sí y eso es muy enriquecedor. Si necesito que se genera algo en el lector y puede ser incluso en contra del propio protagonista. Para mí era muy importante que Tomás tuviera tantas contradicciones y que gestionase tan mal su dolor. No quería que el personaje fuera con el que empatizas al 100%. Uno puede haber sido víctima en un momento, pero hay que tener cuidado con ese dolor porque puedes construir o destruir. Tomás hay un momento en su vida que destruye con ese dolor y lo más importante es construir desde ese dolor.

Tomás es un personaje que te distrae en la novela y es una de las piezas clave que engancha al lector porque nunca sabes hacia donde irá

En el fondo es algo que les pasa a muchas personas LGTBI. Durante mucho tiempo están perdidos y hasta que se encuentran y se aceptan a sí mismos no dejan de caminar un poco perdidos.

Otro de los temas que se tratan es el bullying en la infancia del protagonista

Sí, para mí esa era un poco la clave del arranque de todo esto. Todo lo que te pasa cuando eres un niño o una niña va a marcar al adulto. Lo va a marcar de una manera brutal. Creo que no llegamos a ser totalmente conscientes de eso, ni en el ámbito educativo ni en el familiar. La manera en la que vamos a gestionar esas cosas y la forma en la que nos vamos a relacionarnos con los niños va a marcar a ese niño. Por supuesto, vivir una infancia en los años 70 donde hay un acoso salvaje, donde tu familia no es una aliada porque pertenece a una generación donde considera que eso es malo al estar educado pensando que eso es malo, no son aliados, tus profesores tampoco lo son y te encuentras solo. Esa especie de soledad claustrofóbica y esas agresiones marcan a las personas. Yo estoy convencido que la inmensa mayoría de niños gays, niñas lesbianas, trans de mi generación no han ido al psicólogo y se lo han gestionado como han podido. Esto es complicado porque, luego todo ese dolor y ese miedo que pasas de pequeño, esos niños que te agredían en el colegio cuando te conviertes en adulto se convierten en el síndrome del impostor, en la falta de autoestima, en la necesidad de ser querido o de ser aplaudido. Esas necesidades y esos miedos son los que te agreden cuando eres adulto. Es muy importante ir a terapia para arreglar esas cosas e intentar que esas heridas, que no desaparecen, no duelan.

Está escrito en primera persona y en estilo directo

No podía contarlo de otra manera. He utilizado un poco el género de la autoficción y había que contarlo en primera persona. También, consideraba que era importante eludir al lector. Utilizar en muchos momentos formas verbales que interpelan directamente al lector. Incluso en el arranque cuando dice “esta es mi historia, pero puede ser tu historia” porque tú lo estás leyendo, pero puedes ser una víctima, un agresor o, como la inmensa mayoría, el cómplice silencioso que lo vio y no hizo nada. Me pareció importante contarlo en primera persona para poder interpelar directamente al lector.

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