Marta Quintín: “Quería transmitir la historia del amor imposible”

Blanca Luz Miranda es la gran protagonista de la novela "El color de la luz". Foto: M. Tobajas

Marta Quintín nació en Zaragoza y una de sus aficiones desde pequeña ha sido contar cuentos. Esta afición le hizo ganar en varias ocasiones el premio Tomás Seral y Casas de relato corto y otros que ha recogido como periodista en la agencia Efe, la Cadena Ser y la NASA española.

Tras mucho trabajo y tras una experiencia personal decide escribir El color de la luz. Una novela intimista que platea una historia de amor imposible por la propia naturaleza humana, por la inseguridad y el miedo. Además, invita al lector a explorar diversos tiempos y lugares en donde el arte tiene un lugar fundamental.


Pregunta.- El color de la luz es un libro que está cautivando a todas los lectores, ¿en qué te inspiraste?

Respuesta.- En el año 2012 estaba trabajando en la Agencia EFE de corresponsal y me tocaba cubrir periódicamente las subastas de arte que tenían lugar en la ciudad. Ese año salía a la venta la última versión de El grito de Edvard Munch. Un cuadro tan icónico salía a la venta y me tocó cubrir esa subasta que batió el récord de cotización de lo que se había pagado nunca por un cuadro, 120 millones de dólares. En ese momento vi que allí había una buena historia de preguntarme por qué alguien puede pagar semejante cantidad por una obra de arte. Habitualmente suele ser por motivos económicos y especulativos, pero le di una vuelta de tuerca para que pudiera haber un empeño personal de no solo conseguir sino recobrar un cuadro a toda costa porque en algún momento de su vida le perteneciera, lo perdiera por algún azar y quisiera recobrarlo a cualquier precio.

Esa es un poco la chispa de inspiración que me hizo comenzar. El motivo que me llevó a que sea una anciana la que puja por el cuadro es por una historia de amor que transita por todo el siglo XX. Esos encuentros y desencuentros de ella y del autor de ese cuadro en diferentes ambientaciones como es el París de los años XX, con toda su efervescencia cultural y artística, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y del París ocupado por los nazis fueron otra parte de la inspiración.

P.- En este caso también es una periodista la que lleva el hilo conductor de la novela

R.- Lo de la periodista es un poco por analogía. La coloqué en la misma situación en la que estaba yo aquella noche porque creo que le daba más riqueza a la novela. Quería que fuera una persona que lo viera desde fuera y ve que hay un misterio de alguien que quiere el cuadro a toda costa y se dedica a investigar. En este caso, como ella es periodista pide una entrevista con la anciana, Blanca Luz Miranda.

Al principio la periodista estaba más desdibujada porque era como una excusa para empezar la novela, pero luego me aconsejaron que le diera más peso, que ella tuviera su propia trama y que se fuera entrelazando con los dos protagonistas. Efectivamente creo que le da más frescura, dinamismo, más vivacidad y, al final la periodista se acaba convirtiendo en un contrapunto de la anciana. Las conversaciones que hay entre ellas tienen un punto de humor que hace más interesante la relación entre ellas dándole más riqueza y profundidad a la novela.

P.- La historia narra un amor imposible entre los protagonistas

R.- Sí, efectivamente lo que quería reflejar era una historia de desamor, que fuera imposible por la propia naturaleza humana de los protagonistas. No tanto un objeto externo que les impidiera estar juntos como puede ser una diferencia de clase social o un padre que se opone sino que fueran sus propios miedos e inseguridades los que boicotearan su relación continuamente.

P.- A pesar de los diferentes personajes podemos decir que la verdadera protagonista es Blanca Luz Miranda

R.- Ella al final es la que conduce toda la novela. Además, quería que fuera un personaje complejo con la que al lector, al principio, le costara simpatizar, pero no quería ahorrarle ese esfuerzo porque quería que fuera muy débil, muy humana, realista, que tuviera las inconsistencias y las incoherencias que al final creo que tenemos todos. Es un personaje que creo que no deja indiferente. Aunque es una relación de amor y odio con el lector despierta pasiones en él haciendo que no le sea indiferente lo que le pase. Blanca Luz Miranda es una mujer caprichosa, voluble que a veces puede resultar un poco aborrecible.

El otro gran protagonista es Martín que es un personaje igual más coherente, de una pieza. Luego el que actúa de hilo conductor es el cuadro que ella compra en la subasta y del que Martín es autor. Este hilo conductor vertebra un poco toda la historia.

P.- A lo largo de la historia se viaja por diferentes épocas y ambientaciones todas ellas relacionadas con el mundo del arte

R.- Sí, quería un poco que al final fuera la excusa para conocer los avatares del mundo artístico a lo largo del siglo XX, en momentos determinados en los que el enlace por un motivo o por otro han tenido su importancia en la historia. Sobre todo en los años XX, en el París aquel de efervescencia cultural en donde se ocultaron muchos artistas que fueron protagonistas de la vanguardia artística, en donde se enseñaron muchas cosas que no se habían visto y creo que recrear ese mundo bohemio tenía mucho encanto y toda la vida comunal de ellos que vivían un poco como hippies.

Quería enseñar las nuevas corrientes artísticas con toda la comadrería que los unía, todas las aventuras, las anécdotas que he introducido, que muchas de ellas son reales y de las cuales me he tenido que documentar para darle a la novela una mayor consistencia. La verdad que me iba encontrando anécdotas que eran realmente deliciosas de pintores como Chagall, que es mi pintor favorito, o Soutine.

También, paso por el París ocupado por los nazis de los años 40 en donde la resistencia francesa se organizó y, por ejemplo, hablo de una mujer que se llama Jeanne Bucher que es menos conocida por el gran público. Me apetecía rendirle un homenaje en la novela porque es una galerista muy valiente que se puso el mundo por montera y se dedicó a esconder obras que iban a ser requisadas por los nazis y a dar cobijo a pintores a los que veía en la cuerda floja. También, paso por la Guerra Civil Española en donde toco, un poco, la estrechez económica que pasaba la gente. Entonces, sí que aparecen como un telón de fondo porque nunca llega a ser una novela histórica, pero sí que es parte de la novela.

P.- Para poder abarcar todos estos temas has pasado por una fase de documentación, ¿cómo ha sido?

R.- A mí el arte es un tema que me gusta mucho. Es una labor que hay que hacer con mucho rigor, pero que me fue muy amena porque como es un tema del que me gusta pues me enteraba de cosas que me hacían mucha gracia. Además, todo iba encajando con las exigencias narrativas de la propia novela. La verdad que disfruté mucho del proceso porque descubría anécdotas ya no tanto de la pintura sino de la propia vida de los artistas que yo creo que la da mucho colorido a la historia. El lector puede disfrutar de eso y a la vez que disfruta y se entretiene aprende cosas. La documentación sí que requirió su esfuerzo y trabajo, pero estuvo muy bien.

P.- Una de las partes más difíciles a la hora de escribir un libro es elegir el título. En tu caso, ¿cómo surgió?

R.- El título me vino como un fogonazo a la mente, nunca mejor dicho se hizo la luz, se me encendió la bombilla. El título no es lo primero que pongo, al final la novela tiene que desarrollarse para adquirir su propio carácter y darse título a sí misma. Un día recuerdo que estaba en el metro de Nueva York y subiendo unas escaleras mecánicas me vino El color de la luz y me di cuenta de que tenía que ser ese título. Hay veces que tú piensas un título y luego la editorial piensa que no es el mejor, pero, la verdad, en este caso todo el mundo pensó que era bastante apropiado.

P.- ¿Qué buscabas transmitir con la novela?

R.- Por un lado, quería transmitir la historia del amor imposible por las propias carencias y limitaciones de los personajes. Por otro lado, muy unido con esto la idea del arte como un refugio, como una prevención que a pesar de las limitaciones humanas y todas las miserias de los personajes al final el arte los eleva por encima de ellos mismos. Es como un bastión en el que pueden estar por encima del dolor, de sus pequeñas miserias y los hace mejores. Hablamos del arte como esperanza de que el ser humano puede crear cosas bonitas, bellas, valiosas que está por encima de los que crean el arte y también como salvación, como un bálsamo que cura heridas y que nos deja al final estar en paz con nosotros mismos.

P.- Dejamos el libro un poco de lado para imaginarnos que en este caso eres tú la persona que va a pujar por un cuadro en una subasta, ¿cuál sería ese cuadro?

R.- Pujaría por cualquiera de Chagall que obviamente sale en la novela y es mi pintor favorito. Por cualquiera de los suyos pujaría sin dudar o por alguno de Picasso que también me gusta mucho. Por estos dos pintores pujaría gustosamente.

P.- ¿Qué libro recomendarías a los lectores?

R.-  Mi libro favorito y el que me gustaría escribir es Olvidado rey Gudú de Ana María Matute es un libro que me encanta y que recomiendo a todo el mundo que se lo lea. Aunque cualquiera de Ana María Matute me parece una buena recomendación.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*