Kapo 013: “En el libro se recogen las dos caras: el amor y el dolor o miedo que hay a toda esta exposición”

Mientras el fenómeno del freestyle (o rap improvisado) se expandía a una velocidad trepidante por todos los parques del país, Bruno Pol Feliu García (más conocido como Kapo 013) era un chico raro, regordete y cargado de inseguridades que pronto encontró en el universo raperil de las batallas callejeras un primer espacio de confort en el que sentirse parte de un movimiento. Hoy Bruno a sus 30 años puede considerarse uno de los testigos y narradores más excepcionales de la escena— poco tiene que ver con el afecto o el contacto físico, sino con compartir tiempo y lugar en explosiones de apasionada energía junto con otras personas. Si algo queda claro después de leer este emotivo testimonio sobre la revolución del rap de estilo libre, es que amor y dolor riman siempre.


¿Qué ha significado para ti escribir este libro?

Ha sido un ejercicio difícil. De hecho, lo que dice en el prólogo Jaime “espero que te hayas curado con este libro” tiene bastante razón. Es un ejercicio donde revives muchas emociones y recuerdos que se los tienes que traspasar al lector. En ese sentido ha sido liberador y angustioso a la vez porque revives las actitudes, lo mal que lo has pasado en algunos momentos, aunque, también, buenos que son los que te han llenado como persona. Ha sido muy duro y muy difícil, pero, también, muy terapéutico para cerrar heridas que tenía ahí guardadas.

Cuentas con casi 1 millón de suscriptores en YouTube, has sido comentarista en Red Bull Batallas, has presentado con Ibai Llanos… detrás de esto siempre hay una persona que también puede tener sus momentos malos y en este libro lo reflejas muy bien

Sí, es un ejercicio de transparencia, de sinceridad y de intentar que la gente se pueda poner en mi piel y vea un poco cómo se ha vivido todo esto, tanto para lo bueno como para lo malo.

Me ha llamado mucho la atención de tu libro ese comienzo “El Freestyle es increíble. Ser freestyler, es una mierda”

Ese capítulo está escrito desde un punto de vista de enfado en donde yo me retiro como juez de la liga por el hate y por las inseguridades que se destapan cuando uno está contra las cuerdas a un nivel público. Justamente, el final del libro es todo lo contrario. Al haber repasado todo el viaje es como que esto que vivo me vale la pena y me va a valer la pena toda la vida. Hay momentos muy difíciles al ser una figura pública.

Me hablabas ahora de esa decisión de dejar de ser juez, ¿fue difícil?

El dejar de ser juez fue por un cúmulo de cosas. Te encuentras con mensajes anónimos por cualquier cosa que dices o por defender a un compañero de algo que ha dicho y esos es más fácil ignorarlos. Pero, luego están las amenazas y cosas duras que alucinas. En contraposición a esto, hay decenas de personas que se vuelcan en ti y que te apoyan. Todo no es malo, pero en el libro se recogen las dos caras: el amor y el dolor o miedo que hay a toda esta exposición.

¿Qué supone el Freestyle para ti?

A mí me ha cambiado la vida. Yo era un chaval normal y corriente, de una familia de clase media y de barrio. Yo iba al insti, quedaba con mis colegas en la plaza y un año y medio o dos de empezar a juguetear, para mí era como un juego, ya estaba yéndome con 20 personas que no conocía en un autobús a la otra punta de España para una batalla, durmiendo en casa de un tío que conocíamos de un chat y teniendo comida y techo en todas las ciudades de España prácticamente. Tres años más tarde estaba en Lima y eso es algo que muy pocas disciplinas te permitan sin contar con unos recursos iniciales. Por ejemplo, los tenistas o futbolistas tienen mucha inversión ahí para prepararse. El Freestyle es algo que con tu voz, tu cabeza y con ganas de moverse puedes llegar a estar dando la vuelta al mundo, aprendiendo un montón y conociendo a mucha gente. Creo que tanto a mí como a bastante gente que se dedica a esto, le ha supuesto un punto de inflexión en sus vidas.

¿La diferencia entre el éxito y el fracaso puede residir en elegir una u otra palabra?

Sí, realmente puedes estar en un enfrentamiento y equivocarte en un enfoque, en una palabra o un gesto y te caes. Cuando fallas y caes supone el cuestionamiento por parte del público y ahí todo eso te lo llevas a tu casa. Cuando vuelves a subir a un escenario eso puede impedir que funcione tu cabeza con la comodidad y la fluidez con la que funcionaba antes porque hay más miedo y te cuestionas. Aquí las cosas se deciden en milésimas de segundos. Hay algunas que te pueden llevar a lo más alto y otras que te pueden precipitar a un abismo delicadísimo.

¿Cómo te sientes con esas palabras que te dedican tanto Jaime Lorente en el prólogo como Blon en el epílogo?

Yo encantadísimo. A Jaime lo conocí, justamente, gracias al Freestyle, empezamos a hablar, es una persona con la que fluyen las cosas y sientes que hay algo especial. Jaime es una persona con una forma de pensar y una creatividad que a mí me cautivó desde el minuto uno. El que él se prestase a este trabajo tan delicado de escribir esta parte del libro es maravilloso. Blon sabía que tenía que estar en el libro sí o sí. Más allá de mi familia y mis amigos que me conocen desde los cero años, no hay nadie en el mundo que me conozca más que él. Estoy súper contento del trabajo de ambos. Es muy bonito y emocionante el recibir ese texto en bruto, en donde te hinchas a llorar porque ves lo bien que te captan a través de sus palabras.

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