Juana Salabert: “Quería que fuese una novela sobre lo grande que es disfrutar del mundo”

La última novela de Juana Salabert se titula Atentado y todo transcurre en media hora. Lapso de tiempo suficiente para que ocurra de todo: tiros, secuestros, muertos, rehenes. El terror del yihadismo tal y como se pudo vivir en Bataclán, en Niza, en las Ramblas de Barcelona o en Madrid en el 11M. En definitiva, es una novela muy a tener en cuenta.


Atentado nos está dejando a los lectores sobrecogidos. ¿De dónde nace la idea de escribir esta historia?

Surgió al sentir una inmensa conmoción con los atentados terroristas. Después de las torres gemelas fui viendo un atentado tras otro, no me lo podía creer y me puse muy enferma ante las imágenes del atentado de París y Barcelona. Estaba escribiendo otra novela y la idea de esta se metió de por medio. Entonces, comprendí que no había solo una historia sino muchas historias. Surgió de la idea y la pregunta ¿qué sentiríamos si por desgracia nos pasa algo? Y ¿qué sería lo que recordaríamos del último día de nuestra vida?

Es una novela no solo de personajes también de lugares. ¿Por qué Finis?

Finis es una ciudad que inventé en un relato en los años 90 que salió publicado en un periódico. Ahí nació esa ciudad y prácticamente en todas mis novelas aparece esta ciudad del norte de España que tiene muchos rasgos de otras ciudades que yo quiero profundamente.

Hablando de tus anteriores libros no es la primera vez que retratas horrores que han sucedido a la humanidad. En Velódromo de horror aparecían nazis… ¿Ha sido duro escribirlo?

Sí, lo ha sido. Yo quería una novela ágil y muy intensa por eso no es una novela de 400 páginas. Quería que fuera intensa y concentrada. Fue dura porque me encariño mucho con algunos personajes y siempre que terminas la novela despedirlos es un poco triste. Desde siempre, yo tengo tendencia a meterme en la piel del otro y me imagina esas situaciones y había momentos de mucho dolor. Por ejemplo, cuando el abuelo de la niña se entera por la señora que trabaja en su casa, le dice que ha pasado algo y se ponen a ver las imágenes. Yo ahí me imaginaba lo horrible que tenía que ser que un familiar podía estar en ese escenario de pesadilla y no puedes hacer nada por ellos. Eso me parece más aterrador que sufrir el propio atentado.

¿Podemos considerar tu novela como un arma de combate?

Yo quise que fuese muy luminosa. Que fuese una novela que reivindicase la belleza de la vida, del mundo, la naturaleza y el arte que está aquí muy presente. Quería que fuese una novela sobre lo grande que es disfrutar del mundo y el hecho de estar vivos.

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