“Hombre muerto no sabe vivir”, una historia en donde la violencia explícita es la gran protagonista

Ezekiel Montes debutaba en el Festival de Málaga con este largometraje “Hombre muerto no sabe vivir” un violento thriller lleno de rostros conocidos donde además de dirigir también escribe, produce y fotografía. Ofrece un noir que fusiona el sur con la violencia coreana en una mezcla irregular pero explosiva.

Tano ha trabajado toda su vida para Manuel, un empresario de la construcción que en épocas mejores controlaba toda la ciudad. Ahora, en sus últimas horas, Tano ve como Manuel ya no puede con toda la estructura mientras se enfrenta a un relevo generacional, a nueva gente, nuevos negocios, nuevas formas de llevar la empresa, con la misma violencia de siempre y con nuevos y más temibles enemigos.

Una experiencia salvaje, sangrienta y excesiva. Hay momentos de extrema violencia que harán apartar la vista de la pantalla a los menos habituados a ver este tipo de cine (la escena de la embarazada), pero no deja de ser una violencia tan visual que ralla lo caricaturesco en el buen sentido.

La historia transita por algunos estereotipos del género de mafiosos en una trama donde la traición y la venganza caminan en paralelo Hay escenas con cierto tono de amateurismo. Y, probablemente también sobran unos 10-15 minutillos de metraje para que sea más redonda. Sin embargo, en general, hay que poner en valor que la acción se construye con oficio y las escenas más complejas están bastante bien coreografiadas. No era fácil meterse en un proyecto así, lleno de persecuciones, tiroteos y secuencias de acción, saliendo airoso del desafío.

El director se ha rodeado de actores magnífico. Al frente de todos está un sobrio Antonio Dechent como antihéroe protagonista. Como principal antagonista aparece un Rubén Ochandiano desatado. Se nota que el actor madrileño se lo ha pasado en grande interpretando este papel de malvado caprichoso con una sobreactuación medida que ofrece algunos de los momentos más divertidos y salvajes de la función. Junto a ellos también destaca José Laure encarnando de forma muy particular a otro de los mafiosos más temibles. Mientras que entre los secundarios encontramos nombres ilustres como Manuel de Blas, Manolo Caro, Paco Tous, Nancho Novo, Juanma Lara o Juan Fernández, que aportan experiencia y carisma a sus roles.

Por desgracia, en el resto del reparto encontramos un poco de todo. Hay caras conocidas como la de Jesús Castro que no están a la altura del resto del reparto. Por ejemplo, la escena del barco tira por tierra la credibilidad conseguida hasta entonces. Se nota el tono amateur en otras de las interpretaciones, pero suelen ser personajes con poca presencia y no estropean por completo el visionado. El personaje interpretado por Elena Martínez, el único con valores un poquito más nobles, aunque no se entiende mucho que hace metida en todo ese embrollo. Le queda un poquito grande este papel.

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