‘El árbol y el bosque’ de Rozalén se extiende en Zaragoza

Rozalén hizo pasar al público maño una noche cargada de magia. Foto: Delfín Sarasa

“Imagina… Que nos despojamos de nuestras mochilas. Ser libre, del todo libre.”. Así arrancaba el viaje en el tren de Rozalén el pasado sábado en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. La artista albaceteña se sintió como en casa ante el público maño que la arropó como si fuera de la ciudad. Tenía tantas ganas de pisar el escenario del Felipe que en los primeros treinta segundos la cantante quiso bailar, cantar y saludar a los asistentes: “Ay, ¡qué emocionante es esto! Muchísimas gracias. ¡Mirad como empiezo! Jamás pensé que iba a acabar cantando aquí. Es un broche de oro para este año para nosotros. ¡Os echábamos muchísimo de menos!”.

Dragón Rojo y Será mejor fueron los temas escogidos para este inicio de concierto. Rozalén es una artista que no deja atrás a nadie. Por ello, es referente de la música inclusiva. Anoche lo pudimos ver ya que junto a ella estaba Beatriz Romero, intérprete de signos, que consiguió transmitir a las personas que han nacido con la incapacidad de oír, el mismo sentimiento que la artista lanza con su voz y melodía. La noche continuaba con A tu vida y Justo, donde se hizo un enternecedor silencio tras la lectura del poema Tristes guerras de Miguel Hernández.

Cada canción tiene una historia detrás, como es el caso La Línea que le costó escribirla mucho más que las otras porque “la vida me ha puesto delante de personas que me explicaban por qué dejaban atrás su país, su cultura, su vida, por el simple hecho de sobrevivir. Hay canciones que cuesta mucho cantar, pero que hay que seguir cantando”. Este bloque del concierto concluía con Aves Enjauladas. Los fondos recaudados con esta canción fueron destinados a una red de pisos de acogida apoyada por la ONG Entreculturas. Esta iniciativa se enmarca dentro de la historia de colaboración de la artista con Entreculturas a favor de las niñas y mujeres víctimas de violencia y de las personas refugiadas en Guatemala y Chad.

Uno de los momentos emotivos de la noche vino de la mano de una pareja que asistió al concierto. Rozalén se bajaba del escenario para contarnos mientras se paseaba por la pista del Felipe, la historia de cómo sus padres se conocieron. Una historia de amor en secreto debido a que su padre era sacerdote. Rozalén bromeaba con esta historia ya que “si mi padre no hubiese dejado el sacerdocio…”. Pues como si de una película se tratase, la artista concluyó esta anécdota delante de estas dos personas. El chico sabía perfectamente lo que estaba pasando. Ambos mantenían una historia similar a la de los padres de Rozalén y él, sin casi poder hablar sacaba de su bolsillo un anillo para pedirle matrimonio, y ella aceptó.

Encadenando temas, Rozalén continuaba su viaje a ritmo de Loba, Que no, Que no, Vivir y El día que yo me muera. Tampoco faltó el tema que compuso junto a Kase.O, Mazas y Catapultas. Una pena que el rapero no pudiese asistir al concierto. Queda pendiente para el próximo. La albaceteña agradeció al público maño la apuesta tan firme que hacen por la cultura en estos momentos tan difíciles. Y ella misma, sorprendida del cariño y del calor que recibe, lo devuelve dejándose la piel sobre el escenario. “Soy rica del mundo, por sentirme como en casa en tantos sitios. Me siento muy a salvo, muy a gusto. Gracias por tanto mimo”. La noche estaba llegando a su fin y ni el público, ni su banda, ni ella, querían terminar. La puerta violeta, Girasoles y El paso del Tiempo fueron los últimos temas de la noche.

Rozalén es una de esas personas que te gustaría tener como amiga en tu vida porque desprende luz, vive cada instante y comparte todo lo bueno con los demás. Esta forma de ser, trasladada a los escenarios, hace que su concierto no lo olvides tan fácil. Rompe las grietas que muchas veces impiden pasar luz. La cantante se despedía de Zaragoza recordando que “Somos vulnerables. Esto no ha terminado. ¡Cuídense mucho!”. ¡Ojalá te podamos ver de nuevo en 2022! Zaragoza es tu casa, ya lo sabes.

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